¿Cómo deshollinar una chimenea antigua?

¿Cómo deshollinar una chimenea antigua?

Según las cifras más recientes del Ministerio de Fomento, en España existen más de 3 millones de edificios de viviendas que fueron construidos antes de la década de los 50, es decir, que tienen 70 años o más. Por descontado, los métodos y materiales de construcción han variado mucho desde entonces, y el paso del tiempo afecta a cualquier estructura –que se lo digan a la Esfinge de Giza–; y esto incluye a las chimeneas. Hoy vamos a hablar de algunos aspectos que hay que tener en cuenta a la hora de deshollinar una chimenea antigua.

La característica más común que nos encontramos en las salidas de humos en las construcciones de más edad es que, a diferencia de las instalaciones modernas, no tienen conductos en su interior. Es decir, que la cara interna de las paredes que se encuentra expuesto es del mismo material de obra, siendo el ladrillo lo más habitual, aunque también se empleaba cerámica, hormigón, piedra…

Por sí mismos, estos materiales son muy resistentes. De hecho, las técnicas de cocción que se utilizaba en la fabricación de los ladrillos los hacía más duraderos que muchos de los que encontramos hoy en día. Pero el punto débil de la fabricación de las chimeneas es el mortero y el cemento, bastante más sensibles a los efectos de los elementos.

El agua y los cambios de temperatura

Al deshollinar una chimenea antigua, enseguida podemos detectar si se ha realizado un mantenimiento constante con el paso de los años o si, por el contrario, se ha dejado “como estaba”. Y es que 50, 60 o 70 años, son muchos para cualquier construcción con un uso relativamente habitual, ya que tanto la humedad como los cambios de temperatura van haciendo mella –sin prisa, pero sin pausa– en su estado de conservación.

El mortero y el ladrillo son materiales porosos, por lo que absorben la humedad del ambiente y el agua que procede del exterior. El efecto del calor consigue que esa humedad se pierda, pero tras décadas de uso, es muy probable que la estructura de una chimenea contenga bastante agua. Esto tiene dos consecuencias: la primera es que el tiro y el hogar están más fríos, lo que afecta a su buen funcionamiento, ya que el rendimiento es mayor cuanto más elevada sea la temperatura; y la segunda tiene que ver con lo que ya hemos mencionado: los cambios de temperatura.

Cuando llega el frío del invierno, el agua que está dentro de estos materiales causa un efecto de expansión y contracción al congelarse y descongelarse, llegando a romperlos. Estas roturas no hacen sino admitir el paso de más humedad, con lo que el resultado se multiplica con el tiempo. Además, estos mismos huecos pueden llegar a dejar pasar los humos de la chimenea al interior de la vivienda.

Esta es la típica situación de la pescadilla que se muerde la cola, ya que al alcanzarse menor temperatura, se favorece la formación de hollín y creosoto, los cuales son compuestos ácidos que, al juntarse con agua, atacan fácilmente al mortero, deteriorándolo.

Cuanto más grandes son…

Antiguamente, para la construcción de una chimenea se aplicaba el principio de que ‘cuanto más grande, mejor’; pero lo cierto es que el tamaño ideal de la misma depende de las dimensiones del hogar. Cuando la chimenea es demasiado grande para una hoguera, el aire caliente se enfriará más rápido de lo necesario, por lo que ascenderá más despacio, llegando incluso a retornar a la habitación.

Deshollinar chimenea antigua estilo clásico

Por tanto, en lo referente a deshollinar una chimenea antigua, si además es más grande de lo conveniente, tenderá a causar una combustión menos eficiente, y –como ya hemos comentado– generarse más residuos en forma de hollín.

Otra característica de las construcciones con más tiempo es el efecto del deterioro en el aislamiento. Y es que, a medida que la estructura de la chimenea se degrada, tanto el calor como los gases y la humedad pueden llegar a afectar a las paredes que rodean una chimenea. La situación es más preocupante en el caso de la madera, ya que el efecto de una temperatura elevada durante mucho tiempo (años) hace que se vuelva más inflamable.

¿En qué hay que fijarse?

A la hora de deshollinar una chimenea antigua, es conveniente llevar a cabo una inspección exhaustiva. Por un lado, buscaremos posibles desperfectos, como ladrillos rotos y grietas, así como señales que indiquen algún problema estructural, como manchas de humedad. En determinados casos, será necesario realizar reparaciones previas.

Este proceso tiene que realizarse en todas las partes de la instalación, ya que un defecto interno puede tener una causa proveniente del exterior. De hecho, el mal estado de los sombreretes suele ser motivo de muchos de los problemas de humedades de una chimenea. A causa de los efectos del clima, es muy habitual que aparezcan grietas y roturas, especialmente en aquellos que están construidos con cemento. Esto mismo también favorece la entrada a la chimenea de diferentes elementos indeseados, ya sean hojas, ramas o incluso animales, que pueden llegar a bloquear los conductos.

Por supuesto, el hollín debe ser retirado cada cierto tiempo, así como el creosoto –de estar presente–, ya que suponen un riesgo de seguridad. Para eso, son necesarios los cepillos especializados que empleamos los deshollinadores o, según el caso, ciertos productos químicos (sobre los que encontrarás más información en otra entrada de nuestro blog).

Si aún tienes dudas sobre cómo deshollinar una chimenea antigua, o no estás seguro acerca del estado de tu instalación, nosotros te ayudamos.

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